Sudaba, no recordaba la última vez en que había sudado tanto. El taxista se había metido en un taco enorme y no había forma de salir, al menos no en las próximas dos horas y yo no podía esperar tanto, así que mi única solución fue correr. A diez cuadras de ese tráfico abundante había una iglesia celebrando una boda y yo debía llegar a como diera lugar.
- ¿Cuántas estrellas crees que hayan allí arriba Nick?
- Unos… cuatro mil quinientos mil cuatrocientos veintiséis cuatrillones – respondió seriamente.
No pude evitar reírme. Tomé su mentón y le di un pequeño beso en sus labios.
- Te quiero
- ¿Cuánto me quieres?
- Te quiero de aquí hasta la estrella más lejana de ida y vuelta cuatro mil quinientos mil cuatrocientos veintiséis cuatrillones de veces.
Mi novio rió y me abrazó por la espalda y besó mi mejilla suavemente.
- Te amo linda.
- Yo más.
Nos sumergimos en un beso profundo y nos perdimos en esa noche estrellada.
¿Y si ya se habían casado? No, no podía ser… el matrimonio era a las dos de la tarde. No es que anduviera averiguando, pero todos mis amigos habían sido invitados a la boda; eran las dos y diez minutos y yo estaba caminando hacia la adornada entrada. Acomodé mis grandes gafas y saqué una pañoleta para envolver mi cabello, no quería que nadie me reconociera, sabía que no era bienvenida ahí.
Cinco minutos más tarde estaba sentada entre la multitud, viendo como la roba novios de Amanda entraba radiante por el pasillo. Parecía una princesa… solo lo parecía, no lo era ni en sueños. Acompañándola, el órgano sonaba con una melodía casi fúnebre… era obvio que ella había elegido la música, tenía mal gusto además de ser una bruja.
- ¿Sara? – dijo una voz familiar a mis espaldas.
Me giré rápidamente y vi a mi amiga ahí.
- ¿Nathy?
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste?
- No lo sé… yo solo…
La señora que estaba a mi lado me hizo callar con un estrepitoso “Shht” y me miraba feo constantemente.
- Ven, salgamos de aquí – musitó mi amiga.
- No… tengo que ver esto.
Me senté derecha dándole la espalda.
- Sara… - susurró Nathy en mi oído - no sé que tienes en mente pero… si es eso que estoy pensando, y que no te diré para no darte ninguna idea, te apoyo, es ahora o nunca.
Me giré y le sonreí. Al menos tenía a alguien de mi lado.
- Señora ¿se puede hacer a un lado? – le dijo Nathy a la anciana mostrándole un billete - Me voy a sentar con ella.
- Bueno… - la anciana se dio el lujo de recibir el dinero con voz irritada.
Cuando Nathy estuvo a mi lado sentí un apoyo moral enorme, era lo que más necesitaba en un momento así.
- Si no venía, Joe me mataba, no creas que estoy aquí feliz de la vida.
- Tranquila, entiendo.
- Sara…
- No digas nada, romperá el misterio.
Intenté sonreír pero mi corazón estaba desesperado, y los latidos veloces que daba lo demostraban perfectamente.
- Dicen que el vestido es de un diseñador famoso y que costó miles de dólares. – me susurró mi amiga.
- Es una perra consumista.
- No puedes dejar que Nick se case con ella.
El órgano dejó de sonar, Amanda ya había llegado al altar y Nick la recibía con una sonrisa tímida tomándole la mano.
- Iglesia del Señor – comenzó a decir el Pastor y su voz retumbó por todo el lugar.
Mi cuerpo se estremeció, sentí que mi estómago se revolvió y aparecieron unas repentinas nauseas
… “Estamos aquí reunidos para unir en sagrado matrimonio a esta joven pareja”…
- ¿Estás bien? – me preguntó Nathy.
- No…
… “Compuesta por Nicholas Jerry Jonas y Amanda Rosalie Fields.”…
- Se fuerte.
… “Su amor los ha traído a este lugar santo y este amor es el que los unirá por siempre”…
NO. Ni en mil años, ni en otra vida, jamás permitiría que ellos estuvieran juntos por siempre.
… “Si alguien se opone, hable ahora, o calle para siempre”...
El Pastor se quedó en silencio mirando la congregación.
Sara, para siempre es mucho tiempo, vamos…
Me puse de pie tan rápido que sentí vértigo.
- Yo – mi voz me pareció distorsionada… Qué estoy haciendo…
Un murmullo general invadió las cuatro paredes del templo, sentía las miradas de todos sobre mí. Lentamente quité la pañoleta y mi cabello cayó sobre mis hombros, luego quité mis gafas y levanté la mirada.
- QUE HACE ELLA AQUÍ – chilló Amanda.
Las manos me temblaban y sentía las piernas como lana, no sabía que decir, solo sabía que debía estar ahí cuando el Pastor preguntara por quién se oponía.
Amanda tiró su ramo de flores con ira al piso. Hice caso omiso de su comprensible histeria y posé mi mirada en la de Nick por primera vez en mucho, mucho tiempo.
- Por fin una boda divertida – escuché decir a la anciana molestosa que ahora estaba sentada atrás.
- ¿Algunas palabras? – preguntó el Pastor.
Asentí con la cabeza, respiré profundamente y rogué para no tartamudear mientras improvisaba algo.
- Tal vez… es probable que muchos de los que estén aquí me estén odiando por hacer esto… puedo vivir rodeada de todo ese odio, pero jamás, Nicholas, jamás podría seguir adelante con mi vida si no te tengo. Se que sientes lo mismo… de aquí hasta la estrella más lejana ida y vuelta muchos cuatrillones de veces ¿recuerdas?
Esperé que Nick dijera algo, o hiciera algún gesto que me indicara que se iría conmigo y que todo estaría bien. Pero ningún músculo de su rostro se movió. Estaba desconcertada y mis ojos se llenaron de lágrimas pero contuve el llanto.
- Bien… eso tenía que decir… yo… esperaré afuera.
Agaché la mirada y caminé hacia la salida.
Jamás había hecho un monologo tan grande enfrente de tantas personas y en una situación tan importante, pero la vergüenza era lo que menos me importaba en ese momento. Los murmullos y las risitas burlescas también las pasé por alto. Apenas salí la brisa sopló en mi rostro y fue suficiente para que el llanto contenido emergiera.
Empecé a caminar sin rumbo. No era cierto, no tenía pensado esperar afuera, después de la no reacción de Nicholas ante mi interrupción me quedó claro que lo mejor que podía hacer era desaparecer de su vida.
- Sara.
Me giré, Nathy estaba siguiéndome y la esperé.
- Nick sería el hombre más estúpido del planeta si se casa aún después de lo que hiciste por él.
Mi amiga venía caminado descalza y con sus zapatos de taco en la mano.
- En serio, y eso solo demostraría que no te merece.
Volví a llorar con fuerza y Nathy me abrazó.
- Vas a estar bien… de verdad. Sé que suena a una de esas cosas que uno dice en situaciones como estas pero esta vez es cierto, vas a estar bien.
- Nathy yo lo amo. – logré decir entre sollozos.
- Lo sé, lo sé, me convenciste con eso que pasó ahí dentro.
- No se en que momento nos alejamos, no sé cuando llegamos a esto…
- Hey, Chicas. – me interrumpió una voz.
Nos separamos y miramos, Joe y Kevin venían hacia nosotras.
- Que hacen aquí? – pregunté confusa.
- No nos prestaremos para esa farsa.
Sonreí. Al menos lo intenté. Eso me alegraba pero el agujero que se abría en mi pecho no se cerraría con el gran cariño de mis amigos.
- Amor – le dijo Joe a Nathy – ahora tenemos una gran historia para contarle a nuestros hijos.
- Que hijos Joe
- Los que tendremos.
- Casémonos primero.
- Claro que nos casaremos… pero que sea en secreto porque si todas las chicas son como Sara ese día llegarían cientos a oponerse. – contestó Joe entre risas.
- Idiota – le regañó mi amiga dándole un golpe en el brazo.
- Yo creo que mejor me voy a mi casa – musité.
- ¿Te acompañamos? Vamos en mi auto – preguntó Kev.
- Está bien.
Solté un suspiro. No podía creer que hacía un rato había irrumpido en la boda de Nick y que todo había salido mal. Caminé abrazada por Nathy y Joe hacia el auto de Kevin, al menos los tenía a ellos.
No quería quedarme ahí y verlos salir por esa adornada entrada mientras todos los invitados les lanzaban pétalos de flores en su salida… podía imaginarlos subiéndose en el auto que tenía pintado un “Recién Casados” en el vidrio de atrás. La sola idea me causaba dolor de cabeza. Me subí al auto de Kevin y miré hacía la Iglesia. No se veía nade afuera, seguramente estaban realizando la ceremonia de todos modos. Me acomodé en el asiento de adelante, Kevin conducía y Joe y Nathy se sentaron atrás.
- ¿Quieres chocolate? – me preguntó Joe y me giré para verlo.
- No gracias.
- Recíbelo, para endulzar este momento amargo.
- Bueno – solté una pequeña risa.
Recibí el chocolate y solté las lágrimas que tenía guardadas aún. Kevin encendió el motor y comenzó a andar, pasaríamos por fuera de la Iglesia y yo no tenía intención de mirar así que me dediqué a admirar la envoltura del chocolate y a desenvolverla con cautela. De a poco Kev aumentaba la velocidad y la Iglesia donde yo había soñado casarme algún día quedaba atrás…
- ¡Esperen! – exclamó Nathy y Kevin frenó tan fuerte que me fui hacía adelante bruscamente.
- ¿Qué pasó? – pregunté volteándome, al menos hasta donde me permitía el cinturón de seguridad.
Pero ninguno contestó. Joe y Nathy miraban hacia atrás y Kevin tenía la mirada fija en el espejo retrovisor. Me quité el cinturón de seguridad y me volteé. No podía creer lo que mis ojos veían.
Nick corría hacia el auto… corría hacia nosotros, o hacia mí… [i]¿Venía a regañarme?[/i] Más allá, en la puerta de la Iglesia, se veía una multitud de personas asomándose a mirar. Me senté derecha y miré hacia abajo. Kevin bajó los vidrios con el switch automático y Nick se quedó de pie al lado de mi ventana. No quería mirarlo.
- Sara…
Me forcé a levantar la mirada y verlo a los ojos.
- No lo dije. – era la primera cosa que Nick me decía en mucho tiempo.
- ¿Cómo…? – pregunté sin entender.
- No dije mis votos… vayámonos de aquí.
Lo miré sorprendida, no podía formular palabra alguna, mis ojos no podían estar más abiertos, no sabía como decir lo que sentía porque había miles de sentimientos apareciendo en ese momento.
- Bájense – dijo Joe. – Kevin, deja que conduzca Nick.
Los chicos se bajaron del auto y Nick rápidamente dio la vuelta por adelante y se sentó a mi lado. Me miró y sonrió, pisó el acelerador y avanzamos hasta perder de vista todo lo que nos recordara a esa boda.
- ¿Dónde vamos? – pregunté tímida.
- A estar juntos. Como debió ser siempre.
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Por Sara